¿Dónde quedó la Presunción de Inocencia?

Ángela Blanco| Por todos es conocido el significado del derecho de presunción de inocencia que asegura que todo imputado de un delito en un proceso penal debe ser tratado como si fuese inocente, hasta que una sentencia firme establezca su condena. Es decir, afortunadamente, tenemos el derecho de tener una verdad interina, hasta que unas pruebas firmes refuten nuestra inocencia ante un tribunal que así lo declare.

Este derecho es uno de los pilares básicos del sistema de los Estados democráticos, y en nuestra constitución queda recogido en el artículo 24.2, (para ver el artículo click aquí).

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Según nuestro Tribunal Constitucional, la presunción de inocencia tiene una doble dimensión cuando dice porque opera como una regla de juicio y a la vez es un tratamiento.

En los ámbitos legislativos y políticos este concepto está totalmente claro, o al menos así queremos considerarlo, y se supone, se lleva a cabo con rigurosidad. Sin embargo, queda algo más difuso en la opinión popular y en la mediática. Vayamos por partes:

Somos muy dados a juzgar con el dedo y a buscar responsables de los crímenes inculpando, en muchas ocasiones, injustamente, ya que nos resulta, nos ha resultado y nos resultará muy fácil y poco comprometido emitir un juicio de valor, porque las palabras se las lleva el viento y no tienen para nosotros ninguna repercusión, al menos normalmente. A pesar de que la gente de a pie, casi siempre, es ajena a la investigación policial y de los cuerpos de seguridad pertinentes, todos nos damos el derecho a opinar y a manchar la reputación de un ciudadano más, sin tener los suficientes conocimientos del caso, como para hacerlo.

Lo que deberíamos preguntarnos es: ¿quiénes somos nosotros para juzgar a una persona, que puede o no puede, haber cometido un delito? En la gran mayoría de los casos se enjuicia a la persona sin pensar en la repercusión que esto puede llegar a tener, sobre todo si nuestros enjuiciamientos son falsos.

Antes de concedernos criticar y levantar falsos testimonios, deberíamos plantearnos, que pasaría si la persona de la que hablas es inocente. En primer lugar, por que al hacerlo estamos recayendo en otro delito: injurias y calumnias.

En los pocos casos (en comparación a los delitos que se causan) en los que un caso de injurias y calumnias llega a juicio, la defensa se respalda en el derecho de libertad de expresión, el cual, aunque debe ser respetado, tiene un limite cuando se ralla en la falta de respeto o daño al ciudadano.

presuncion 1En el caso del asesinato de Sergio Martín Peña, los ciudadanos del pueblo no dudaron en mostrar su opinión pública mediante las redes sociales contra el presunto culpable aún cuando el cuerpo del difunto no había aparecido y apenas había pruebas que lo inculpasen. Aún hoy, el caso sigue bajo secreto de sumario, pero la gente se aventura con gran facilidad a insultar y menospreciar a un ciudadano que puede ser inocente de los cargos de los que le acusan.

Del otro lado, queda el ámbito periodístico, quizás de mayor magnitud por su gran poder de repercusión. Trágicamente ya no nos asombra que los medios se lancen a publicar las últimas noticias de un caso penal, sin esperar a que se practique una mínima actividad de instrucción, debido a que el valor de la instantaneidad hoy día, pesa más al de la rigurosidad. De este modo, se publica el nombre de un ciudadano, señalando interioridades de su vida y dejándolas al descubierto. Un buen ejemplo son los delitos económicos, en los que con asiduidad se exponen documentos personales.

Esto precisamente es lo que se denuncia el artículo de Francesc Barata: “La devaluación de la presunción de inocencia en el periodismo“, en el cuál sea incluye un trabajo empírico sobre el diario El País que muestra cómo determinadas narraciones incumplen la presunción de inocencia.

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Esto implica una fuerte repercusión en el acusado y en sus alrededores, ya no solo a nivel personal, sino también público, porque esa situación queda como un estigma, tanto en su vida personal como en su reputación. Del mismo modo, puede acarrear una fuerte destrucción física y psicológica del inculpado y de su familia. Con ello, se pone en duda la fe en la justicia y la sociedad se degrada.

Los derechos fundamentales constituyen un conjunto de normas de recto comportamiento conquistadas a lo largo de la historia con pertinaz esfuerzo que no debemos abandonar por habladurías o por la carrera en la inmediatez mediática.

El ideal es que la justicia prevalezca sobre cualquier impulso circunstancial negativo. Por eso es necesario defender los derechos fundamentales que hacen de un colectivo humano una verdadera sociedad en pacífica convivencia.

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