El silencio inundó Las Navas del Marqués

Ángela Blanco| El pasado sábado 28 de marzo en la localidad abulense de Las Navas del Marqués se celebró una manifestación pacífica para pedir justicia y hacer honor al difunto Sergio Martín Peña, un ciudadano del pueblo que fue encontrado asesinado el domingo 22 de este mismo mes. La manifestación fue un acontecimiento verdaderamente desolador, desde el minuto 1 hasta el último de las casi 2 horas que estuvo concentrado el pueblo el silencio fue protagonista haciendo que se sobrecogieran cada una de las personas que asistieron.

La manifestación arrancaba en la plaza de la Villa, y finalizaba en la plaza del Cristo, de modo que el recorrido se desarrolló a lo largo de la calle principal. Un trayecto que de forma normal se hace en 10 minutos duró algo más de una hora.

La hora señalada eran las 7 de la tarde, cuando bajaba hacia la plaza de la Villa, me di cuenta de que este acontecimiento iba a tener muchas más repercusión e importancia de la que yo me había imaginado. Todo el mundo iba en peregrinación hacia la plaza del pueblo. Nadie, absolutamente nadie iba en dirección contraria, el alma de todo un pueblo con el mismo destino y el mismo propósito.

Según las autoridades cerca de 3.000 personas estaban concentradas en la plaza de un pueblo que tiene apenas 5.500 habitantes, aunque si yo tuviera que dar una cifra sería mucho superior, no había un hueco sin rellenar, había gente hasta donde te alcanzaba la vista. No se echaba en falta a nadie, cada uno de los ciudadanos se habían acercado a dar un homenaje y un adiós a su vecino.

Muchas eran las personas que llevaban la camiseta con el crespón negro y la frase: “Justicia para Sergio”. Sus amigos llevaban el mismo dibujo en camisetas color amarillo fosforito, que es el color que tiene la peña a la que pertenecía Sergio. Al ver el dolor de sus amigos cara a cara se te rompe el alma en mil pedazos. Es asombroso ver una manifestación pacífica tan solemne guiada por personas a las que les ha sido arrebatado una parte de sus vidas.

Las pancartas que encabezaban la manifestación sobresalían con un mismo mensaje, de nuevo, “Justicia para Sergio”. Los amigos y familiares de la víctima eran los que emprendieron el pasó y el pueblo entero los siguió.

El silencio. Ese fue el gran protagonista de la manifestación de ayer. Cada paso, cada suspiro, cada acto, cada pensamiento, cada llanto… fue silencioso. Es verdaderamente descorazonador ver a miles de personas concentradas en un silencio sepulcral para honrar la vida de su vecino. El silencio solo era interrumpido por los llantos de los niños.

A paso lento, la manifestación avanzaba con un espíritu de verdadera tristeza. Se hicieron muchas paradas a lo largo del recorrido para dar solemnidad y duración al acto, para dar tiempo a que cada uno diéramos nuestro último adiós a Sergio, para pedir en silencio justicia por la muerte de este joven que apenas tenía 23 años.

Todos los comercios de la avenida Principal estaban cerrados, todas las terrazas y casas vacías, todos los coches parados, los planes cancelados… todos teníamos una cita con Sergio.

Después de 1 hora, llegamos al destino acordado, la plaza entera se llenó. No miento si digo que jamás he visto una concentración tan multitudinaria en el pueblo. Ni siquiera el día grande de las fiestas de la localidad goza de tal poder de convocatoria.

Los amigos dijeron unas palabras agradeciendo al pueblo la asistencia, despidiéndose de Sergio y pidiendo justicia. Después fue el portavoz de la familia el que dedicó unas breves palabras con el mismo propósito. La familia no tuvo un papel protagonista aunque sí que asistieron a la manifestación, acompañados de los dos perros de la víctima, que fueron unos de los últimos seres que le vieron con vida.

Para finalizar, todo aquel que quiso soltó un farolillo rojo al cielo para despedir a Sergio. El cielo se llenó de puntos rojos que se desvanecían en la lejanía, como muestra de verdadero amor. Lo único que yo sabía decir al acabar el acto es que había sido bárbaro. Jamás en mi vida he visto tanto dolor en el pueblo y tanta hermandad para apoyar a la familia del difunto. Todo el mundo, le conociera más o menos, lloraba en silencio su ausencia y su desgracia. Es sobrecogedor ver y oír el dolor y el sufrimiento de un mismo pueblo al unísono.

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