Reportaje

Trabajos forzados a los presos del franquismo

Ángela Blanco| Probablemente uno de los datos menos conocidos y más evidentes del franquismo es que los presos políticos fueron sometidos a trabajos forzosos en sus períodos de reclusión, con el fin de que las empresas que fomentaban y hacían crecer el país obtuvieran mano de obra gratuita.

Esto sucedió entre los años 40 y 60, debido a que el país estaba destrozado por los múltiples bombardeos provocados por la guerra y por el significativo retraso industrial que sufría España con respecto a los países vecinos. Por ello, se decidió crear grandes infraestructuras para modernizar el país. Este, que probablemente sea el aspecto positivo más conocido y aplaudido de la época franquista, está manchado por los más de 400.000 presos que fueron susceptibles de ser utilizados en el sistema de explotación.

Gracias a estos “trabajadores” se construyeron líneas férreas, carreteras, pantanos, canales o se reconstruyeron edificios. Las empresas que contrataban esta mano de obra pagaban un precio muy bajo al Estado, por el coste de su manutención. Desde luego, esto no aportaba nada a los recluidos que sufrían un trato, que podemos calificar de degradante, puesto que estaban mal alimentados, mal vestidos y con mala seguridad, expuestos a trabajos que requerían grandes esfuerzos durante largas jornadas. Estas condiciones sumadas al frío y al hambre hizo que muchos de ellos llegarán, incluso, a la tumba. Los presos, en la mayoría de los casos, accedían o no se oponían a esta situación por la reducción de pena que proporcionaban estos trabajos.

Hoy día, conocemos algunas de las empresas que se beneficiaron de esta oportunidad para alzar sus imperios económicos durante el período dictatorial. Algunas de ellas hoy cotizan en el IBEX 35, según publicó elDiario.es en un artículo el pasado 26/04/2014 algunas de estas empresas son “ferroviarias como Norte, MZA, Renfe, constructoras como Entrecanales, San Román, Huarte o Banús, mineras como Duro, Babero, transformadoras de metales como Babcock & Wilcox, La Maquinista Terrestre”.

Según el periódico ya citado, también las Instituciones públicas se alistaron en este barco para aprovechar la mano de obra casi regalada, como por ejemplo: Secretaría General del Consejo de Estado, Astilleros de Cádiz, Consejo Superior de Protección de Menores, Sindicato Nacional del Espectáculo, la Fundación Generalísimo Franco y la Jefatura de FET de las JONS

En el libro “El Canal de los Presos. Trabajos forzados: de la represión política a la explotación económica” cuantifica que la labor realizada por los presos en estos proyectos está en torno a los 800 millones de euros.

Uno de estos proyectos tan “económicos” fue Cuelgamuros cuya misión fue hacer El Valle de los Caídos  y todas las vías de acceso al santuario, colaboraron en su construcción miles de presos republicanos, unos 20 000 según Rafael Torres. Otro ejemplo es el Canal de los Presos  o Canal del bajo Guadalquivir, que es una infraestructura hidráulica destinada originalmente a poner en riego una superficie de 56.000 hectáreas de las provincias de Sevilla y Cádiz. En está obra se llegó a contar con 2.000 presos, que procedían de campos de trabajo como en Los Merinales, El Arenoso y La Corchuela en Dos Hermanas.

Para hacernos una idea del volumen de presos que se explotaron con fines económicos, solo en 1939 unos 70.000 presos estaban bajo los penales de trabajo. Estas cifras fueron aumentando a medida que nos introducimos en el franquismo. En los años 40 ya hablamos de más de 100.000 presos, en su gran mayoría, políticos, aunque con el paso del tiempo los presos comunes también entraron a formar parte de este sistema.

Según las fuentes hay discrepancias en cual era el acuerdo de la reducción de pena a cambio del trabajo proporcionado, la más fiable dice que 1 día de trabajo era igual a 1 día de rendención, aunque está fórmula podía ser variable.

Tras haber rebajado su pena, y normalmente, haber obtenido el indulto, el trabajador/preso quedaba en libertad condicional. Pero, como en el resto de situaciones, esta libertad estaba muy condicionada por el estricto seguimiento que tenían y el obligado cumplimiento de unas tareas que se establecían a su salida.

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