“La prisión permanente revisable transformará nuestro país en un estado punitivo”

Alvaro Vega| Hablamos con Julio Gonzalo Tejerina, médico de la asociación de derechos humanos de los presos OTEANDO. Dejemos que el nos cuente a que se dedican.

Respuesta: OTEANDO es un observatorio para la defensa de los derechos y las libertades que se fundó por un grupo de abogados que visitaban las cárceles, eran sensibles a los problemas de los presos y llegaron a la conclusión de la necesidad de una organización que desde sus posibilidades legales diera un apoyo a la lucha de los presos, de su defensa, etc. Así nace OTEANDO. Ahora mismo intentamos tener en Castilla y León una representación, con abogados de oficio, las formas en las que trabajamos siempre son sin ningún ánimo de lucro, no se cobra por la atención que se presta.

Pregunta: ¿Qué hace un médico en una organización de abogados?

R: Como médico, mi función, y la de los que participen conmigo cuando consigamos más colaboración, es por una parte, dar un soporte técnico a los trabajos que hacen los abogados, principalmente cuando se dan denuncias de los presos. Y hacer algún peritaje sobre problemas que se hayan dado ya, con denuncias claras y concretas de tortura, de malos tratos, de penas crueles, degradantes, inhumanas… Todo lo que conlleva fundamentalmente la misión de OTEANDO, puesto que estamos en la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura, que es un organismo a nivel esaatal rganismo a n estamos en la COordinadora nas…ego hacer ertades que se fundo bajo su mandato y no es necesario exigivel estatal, en al que hay organizaciones de DDHH de Andalucía, de Cataluña, del País Vasco, Aragón, etc. Anualmente la coordinadora hace un informe, y en los últimos datos que hemos facilitado unas 6000 personas que habían denunciado sufrir torturas o malos tratos a los largo de los últimos 10 años. También hay más datos como el número de muertes en prisión no aclaradas, recordar que nadie debería morir en prisión, puesto que hay una ley que protege, o debería proteger, a los presos enfermos. Sin embargo, muchas veces se dan muertes en prisión, y siempre son personas jóvenes. Todo suele estar relacionado con trastornos psíquicos.

P: ¿Y estas personas no deberían estar en la cárcel?

R: Claro. El proceso es el siguiente. Cuando se abrieron las prisiones en este país se entendió que las enfermedades psiquiátricas no deberían ser en su conjunto objeto de internamiento, y se sacó a una importante cantidad de personas con enfermedades mentales a la calle, pero sin atender a que estas eran enfermas y pobres. Sin ningún tipo de recursos, fueron abandonadas por sus familias a su suerte y condenadas a vivir en la marginalidad, delinquir y volver a la cárcel. De los manicomios se pasó a las cárceles. Hasta el punto que hay entre un 40 y un 60% de presos con enfermedades mentales, que se caracterizan por una patología, que llamamos los médicos, dual, que además de la enfermedad o trastorno psíquico que esta persona pudiera tener (esquizofrenia, psicosis de diversos tipos, depresión, patología bipolar, etc.), su añadido es el consumo de estupefacientes, de drogas de diversa naturaleza, y el propio uso de psicotrópicos por parte del personal sanitario indicados.

P: Hemos podido saber que se usan fármacos con ellos para mantenerlos tranquilos.

R: Efectivamente, es un tratamiento paliativo, sintomático de los problemas. Una persona que está encerrada no recibe un tratamiento habitual, psicológico, y menos teniendo en cuenta que hay un psicólogo para cada 300 reclusos, y no hacen terapia, clasifican, quien puede salir, tener permiso o estar aislados. Todo esto lleva a estas personas a consumir. El personal sanitario está mermado en cantidad, es muy deficiente y casi solo se hace atención primaria, puesto que para ver a los especialistas de cualquier tipo hay que sacar fuera al preso.

P: ¿Y qué tratamiento deberían recibir?

R: Buena pregunta, se les debería tratar como enfermos. Si alguien tiene un problema de salud y este tiene unas determinadas consecuencias, la única forma de restituirla a la normalidad es tratar su condición de base. Es algo tremendamente complejo, puesto que toda la sociedad o al menos gran parte, es responsable de que estas personas hayan llegado a esta situación. Lo que necesitan es tratamiento, nunca represión. Y desde luego no atiborrar nunca a una persona para que esté dormida y no de guerra.

P: ¿Por costumbre el sistema penitenciario mete en la cárcel a quien debería ir a un hospital psiquiátrico?

R: Si, esto es un proceso sociológicamente comprobado, ha sido el fruto de estudiar los años de la Transición hasta la actualidad. Salir del Manicomio, vamos a nombrar las cosas como se decían antes, para vivir por debajo de los puentes, en la calle, y volver a prisión por pequeños delitos pequeños en su mayoría, contra la propiedad, y siempre inducidos por la necesidad y la drogadicción.

P: ¿Cuántos casos han tratado desde OTEANDO?

R: Yo personalmente no puedo entrar a la prisión, y ni siquiera los abogados, solo a través del turno de oficio o de que lo reclame un recluso en determinadas condiciones, pero la mayoría de los caso quedan fuera de nuestro alcance. Los conocemos siempre mucho después y cuando podemos intervenir, que no siempre, estamos muy limitados por el número de personas que somos.

P: ¿En la cárcel no se respetan los derechos humanos?

R: Hay un lema que se ven en las calles, en las paredes, que lo dicen muchos jóvenes, organizaciones, sobre todo las libertarias, que es “cárcel es igual a tortura”. Yo creo que es más que un lema o un grito, la cárcel es la misma tortura. Como en el caso de las cundas, los traslados, o imagina las condiciones de hacinamiento que se han dado en los últimos años en este país, hay 70000 en las cárceles españolas, una cifra muy superior a la media europea, cuando el nivel de delincuencia aquí es menor, sin embargo el número de presos es el más alto de Europa.

P: ¿Debido a que las leyes penales son más duras aquí que en el resto de Europa?

R: Aquí con la justicia, a parte de la lentitud, la pena empieza en el mismo momento que una persona es detenida. Los procesos de libertades condicionales o provisionales se alargan muchas veces por la condena que se le podría haber dado, lo que genera que una persona haya sido absuelta después de pasar dos años en la cárcel, son casos que se están dando.

P: ¿La reforma del código penal y la llamada “Ley Mordaza” van a solucionar esto?

R: Si lo van a solucionar, pero por la vía del exterminio diciéndolo claramente.

P: ¿Empeorará el hacinamiento?

R: Naturalmente. Por el hecho de gritar con los brazos en alto injusticia en un desahucio, en protestas masivas, si se condena por eso, no van a tener que hacer cárceles, sino otro tipo de formas de internamiento.

P: ¿Pueblos enteros?

R: Claro, es que el problema es que ahora mismo todo está prohibido. A veces se teoriza sobre cuál es la mejor forma de lograr la reinserción, y en España es el reingreso o la permanencia en las prisiones.

P: Y aquí viene a parar la cadena perpetua revisable.

R: Es uno de los últimos hallazgos que ha encontrado el poder legislativo a partir de las órdenes del gobierno. Significaría que muchísima gente nunca va a salir de prisión. Con muchos más añadidos, como transformar a nuestro país en un estado punitivo y solo punitivo. Quiero decir que ahora mismo además de los delitos que puedan penalizarse por el hecho, se empieza a condenar por lo que pudiera uno hacer, se empieza a establecer una figura basada en que aquella persona que sin haber hecho todavía nada podría hacerlo.

P: ¿Solucionará algo la cadena perpetua revisable?

R: Va conseguir que volvamos a la Edad Media. Porque habrá personas a las que se condene antes de que cometan delito alguno. Además se establece el código penal del enemigo, el delito de autor, cuando se empieza a establecer que se haya hecho esto según la confesión. El Tribunal Constitucional en el 2012 denegó una sentencia del Comité de Derechos Humanos europeo a favor de una presa del País Vasco, porque entendía que la confesión, independientemente de los medios con los que se había obtenido, era un elemento probatorio suficiente. Establecer esto hace que cuando te hacen confesar un delito, que puedes haber cometido o no, se pueda lograr por medio de torturas, que es un método para conseguir una confesión inculpatoria contra sí mismo, contra el derecho que tiene a no declarar contra uno mismo. Dándose esta circunstancia fíjate a donde nos retrotrae esa legislación. La confesión, la delación, la humillación que recibe hasta que una persona dice lo que el interrogador quiere escuchar ya es el campo más sórdido y complejo de lo que entendemos como tortura.

P: Quienes proponen la cadena perpetua revisable argumentan que se pide desde la sociedad.

R: El problema es que eso es el objeto de una manipulación. Es estigmatizar, individualizar, establecer un perfil determinado al que te asocian… El padre que mató a sus niños, el que mató a Marta del Castillo. Se toma una situación excepcional para establecer un criterio de maldad. Resulta que al final a la vez se crea un temor, un miedo, el propio sistema establece una especie de temor a ese fantasma, que luego se personaliza en otras personas, como “¡es que era negro!”, “¡fíjate las pintas que llevaba!”. Si hacemos ese prejuicio previo el resultado es el que hay.

P: ¿Han trabajado casos de tortura?

R: Si.

P: ¿Cómo pueden probar que se han llevado a cabo?

R: En este país se asegura que no hay tortura. Hay una gran contradicción y una gran paradoja. Contradicción en el sentido de que, aunque todo el mundo sabe que la tortura se practica, el problema está en que goza de impunidad en la medida que satisface los intereses de quienes gobiernan. Sucede que las personas que supuestamente la practican tienen amparo en los jueces, los fiscales, los gobernadores, en todos los estamentos de la vida política oficial. Además los funcionarios, como los médicos, y lo puedo decir, aunque me avergüence en cierto modo de ello, presuntamente muchas veces miran a otro lado.

P: ¿Quiénes son esos supuestos torturadores?

R: Son funcionarios públicos.

P: ¿Esos funcionarios son parte del problema o parte de la solución? ¿Cometen esos actos de motu propio o bajo órdenes?

R: Nosotros creemos, y coincidimos en esto con muchos estudios, que los torturadores no son gente extraña, ni sádicos, que hayan caído por casualidad en determinados servicios. Esas personas terminan su trabajo, tienen su familia, sus hijos, como cualquiera. El problema está cuando a una persona se la consideras el enemigo, en el sentido de que has estigmatizado su figura, de una persona o un grupo, culpable o no lo sea, porque se basa en unos perfiles, en unas consideraciones previas, en una vestimenta, como el caso de Patricia, si llevaba tal o cual ropa, si iba tapado.

P: ¿Y cómo son las torturas en la actualidad?

R: Estamos asistiendo a la tortura científica, ya no son tanto los tormentos físicos, no los métodos de la Inquisición, que también se dan. Un psiquiatra importante, que pertenece también a la Coordinadora contra la Tortura, Pau Pérez, después de muchas entrevistas a torturadas, de hecho coordinó un libro muy interesante llamado Incomunicación y tortura, dice “que el miedo a sufrir la tortura ya es de sobra para bloquear a una persona”.

P: De hecho un estudio reciente concluía que más de 4 de cada 10 personas en el mundo teme sufrir torturas en situaciones de detención.

R: Efectivamente, de eso informó Jorge del Cura, el portavoz de la Coordinadora contra la Tortura. Es muy sencillo de explicar, el miedo a sufrir la tortura lo has oído, te llega, a nadie quiere que le llegue el momento. Pero cuando a alguien le llega esa situación, las amenazas, la situaciones de ejecución simulada que se han dado o la privación sensorial, por la que te mantienen en un lugar donde no sabes cuánto tiempo pasa, y te impide dormir. Pierdes la relación con el mundo exterior, solo tienes delante a quien te está haciendo daño, es el terror. Los estamos llamando experimentos de tortura psicológica.

P: ¿Habéis logrado alguna victoria jurídica o perdón institucional al respecto?

R: La mayoría de las sentencias que hay, y son muy pocas, favorables a las personas que han denunciado tortura, son los casos más paradigmáticos, como el del grupo de independentistas que fueron torturados en las Olimpiadas de Barcelona, por el que España no admitió las torturas, e incluso el juez Garzón presidía aquel juicio a 17 personas que presentaban signos más que claros de haber sufrido daños físicos, y no ya las consecuencias psicológicas que se podían tener en cuenta cuando pasaron por aquellos tormentos, mientras que el juez que miraba a otro lado o ponía cara de sorpresa cuando se lo relataban. En este caso el tribunal Europeo de Derechos Humanos, ha reconocido, no que haya torturas, sino que no se investigó lo suficiente, este es el caso al que más se ha llegado. Y siempre en Estrasburgo, nunca en el Estado Español.

P: ¿Entre las instituciones españolas se cubren las espaldas?

R: Se podría decir que sí. Jugamos un poco con las palabras, con lo políticamente correcto. Yo no puedo afirmar que la tortura en España es sistemática.

P: ¿Pero es común?

R: Puedo referirme, por ejemplo, a dos o tres vídeos de la valla de Melilla. Si eso no es salvajismo, atentar contra los derechos de las personas… Establecieron unos conceptos interesados en tierra de nadie, en la frontera sur que llaman.

P: ¿Se da la tortura en los CIEs?

R: Si, en los Centros de Internamiento de Inmigrantes y en los CITES, que son de transeúntes, el trato es de vejación, es humillación, roza los malos tratos.

P: Y los internados en los CIEs no son presos.

R: El delito es no tener papeles, el de los transeúntes es que todavía están en proceso de trámites. Por ejemplo, cuando ha habido casos muy flagrantes de denuncias por tortura o malos tratos en estos centros, el procedimiento era el traslado de los testigos y cambiarlos de sitio. Como los casos en los centros de Aluche, de Cataluña, donde ha habido cantidad de denuncias, y otros muchos que no denuncias porque tras hacerlo se ven el avión de traslado a no se sabe dónde, porque estas devoluciones tienen un destino que nosotros no podemos encontrar.

P: ¿En qué institución española existe más peligro de que se produzcan violaciones de los derechos humanos?

R: Ha habido cambios. Después de pasar el periodo más complejo de las situaciones de aislamiento por los delitos por terrorismo, cuando ahora mismo no se dan tanto estas denuncias de tortura e incomunicación. Lo que si estamos recibiendo es que de forma cotidiana la gente admite que tiene que recibir cuatro palos o 400. Por ejemplo, en las huelgas mineras de 2012, los mineros tenían práctica con las barricadas y piquetes y allí se defendían bien, pero luego la Guardia Civil los recogía en sus casas y los llevaba a los cuarteles, y allí hubo caras rotas, golpes por todo el cuerpo, y ninguna denuncia.

P: ¿Por qué no se denuncia?

R: Porque hay miedo a que te vuelvan a llamar, hay miedo a las represalias, e incluso a que el médico que te examina al hacer la denuncia no figure en su informe lo que debería, que es uno de los grandes problemas, y la denuncia puede volverse contra ti.

P: ¿Y qué papel tienen en todo esto los médicos?

R: En el ejercicio de mi profesión he tenido siempre muchos problemas cuando me he enfrentado a esta situación, porque muchas veces de algún modo ni siquiera los funcionarios que tutelan a un detenido respetan el derecho a la confidencialidad de un examen médico. “No, no, es que igual le puede hacer daño. A lo mejor se mete con usted. Es que a lo mejor…”. Esto es completamente ilegal, una persona no puede ser objeto de un examen medico con las esposas puestas y en presencia de quien va a seguir con él cuando salga de allí. Por otro lado existe un código deontológico, un juramento ético de los profesionales de la medicina, que los obliga no solo a colaborar con este tipo de practicas, sino a denunciarlas y a impedirlas, […] de la misma forma que hoy no contribuyen a hacerlo.

P: ¿La reinserción de los presos se facilita desde la sociedad y las instituciones?

R: Los resultados están a la vista. Casi todo el mundo que sale de prisión vuelve. La cárcel no se puede ver de forma ajena a las diferencias sociales, dice una canción que los ricos nunca entran y los pobres nunca salen. Y es más que cierto. A los hechos me remito. Estamos viendo que se cometen delitos de guante blanco de cantidades importantes y sin embargo, parece que la cárcel es una cuestión de un programa rosa de la televisión. Pero los pobres nunca salen. Una persona cuando sale no tiene recursos, casa, techo, trabajo, y si tiene algo es adicción a psicotrópicos a drogas, y no tiene asistencia sanitaria, ni que comer, pues lógicamente ¿a donde va? A la cárcel otra vez. Esa es la reinserción.

P: ¿Habéis tratado con presos inocentes en OTEANDO? ¿Y con presos políticos?

R: Sí. Te diré que trabajamos en Castilla y León, una zona muy amplia, y la gente que nos ocupamos de esto somos muy pocos y pequeños, ni siquiera tenemos tiempo suficiente como para tener una experiencia grande sobre esto. Pero de forma genérica, aludiendo a nuestra presencia en una coordinadora estatal donde se ven casos de todo el país, hay personas que han estado encerradas para ser absueltas al cabo de dos años cuando se acaba el plazo de la prisión preventiva. Esto no es una casualidad.

P: ¿Y estos presos eran inocentes?

R: Por lo menos no eran culpables si un juez después de dos años en prisión preventiva te absuelve del delito que se supone que te acusan. […] Es decir esa frase célebre “toda persona es inocente hasta que no se demuestre lo contrario”, en España se ha vuelto del revés, “toda persona es culpable hasta que no se demuestre lo contrario”. No te puedo contestar más que así.

P: ¿Qué medidas planteáis desde OTEANDO para mejorar este sistema penitenciario?

R: Te contestaría como profesional de la medicina, antes decía que los ricos nunca entra los pobres nunca salen, en sanidad es igual. Hay enfermedades para ricos y otras para pobres, cuando una persona tiene unas condiciones confortables de vivienda, de habitabilidad, ocio, laborales, etc. Las enfermedades que pueden sufrir son por exceso, no por defecto. Sin embargo las personas que están en el otro extremo de la sociedad tendrán un tipo de enfermedades mucho más gravosas, más debilitantes, crónicas, que esas otras que tienen una buena disposición económica. En la cárcel pasa igual.

P: ¿Y las alternativas?

R: Recuerdo que cuando se hablaba de Suecia se trataba de una manera distinta a los presos, había unos programas de reinserción diferentes. En España hubo un pequeño y muy corto espacio de tiempo que dio la indignación con las cárceles durante la dictadura para volver a lo mismo. Incluso ahora, lo digo yo a mis 68 años, creo que mucha gente está peor que estaba entonces. Así de claro.

P: ¿Cómo es esto posible si ahora estamos en una sociedad más avanzada, moderna y democrática?

R: Es que la democracia en nuestro país, es mi opinión personal, es como aquella de los romanos o los griegos, hay unos que si tienen derechos y libertades, y hay otros que carecen de ellos. Es decir, los ciudadanos en este país cada vez son menos. Cada vez hay más precarios, esclavos, más subproletarios, o más personas en situaciones en completa desigualdad económica y laboral. Mientras esos problemas de base no se resuelvan, no podemos hablar de justicia, ni de reinserción, ni de cese de la tortura. Hay una frase muy expresiva de un penalista que me gustó que dijo: “Mientras uno tenga solo en su caja de herramientas martillos solo va a pensar en poner clavos”. Y eso es un poco lo que pasa en España, que solo hay martillos y clavos para tratar los problemas. Se tendría que tener otro enfoque.

Entrevista completa a Julio Tejerina de OTEANDO

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