La prisión: “En pleno siglo XXI es un sistema que tendría que abolirse totalmente”, Javier Sánchez González, capellán de prisión

Pilar García| Entrevistamos a D. Francisco Javier Sánchez González, capellán en la cárcel de Navalcarnero y párroco de La Sagrada Familia de Fuenlabrada. Tanto en un sitio como en otro, apuesta por la integración, la reconciliación y el descubrir a Dios en valores como la solidaridad o la fraternidad. Más allá de lo religioso, es la relación humana -no los muros ni la privatización de la libertad- lo que hace posible una verdadera reinserción en la sociedad y el encuentro de uno mismo.

Sentenciaba el stárets Zosimo, en Los hermanos Karamazov de Dostoyevski:

“Lo único que hasta ahora protege a la sociedad, enmienda al criminal y lo convierte en otro hombre es la ley de Cristo, expresada por la voz de la conciencia…. Como hoy la Iglesia sólo puede condenar moralmente, renuncia castigar materialmente al criminal. Y no lo excomulga: lo envuelve en sus paternales métodos de curación. Es más, se esfuerza en mantener con el criminal todas las relaciones que mantiene con el cristiano inocente: lo admite en los oficios, le da la comunión, lo trata con caridad, más como a un extraviado que como a un delincuente. ¿Qué sería de él, Señor, si la sociedad cristiana, es decir, la Iglesia, lo rechazara, como lo rechaza y lo aísla la sociedad civil?”
Ver fragmento en su contexto

No solo queremos destacar la labor que realiza D. Javier con los internos, sino también, la que desarrolla en su día a día, la del cambio de mentalidad en la sociedad, empezando en su propia parroquia en la que los presos son uno más. En ella da a conocer la vida en la cárcel y recuerda que la posibilidad de cambio es para todos. Algo que deberíamos tener en cuenta muchos de nosotros y así librarnos de la “prisión” en la que estamos encerrados, la de los prejuicios.

A continuación, la entrevista completa.

  • ¿Cuánto tiempo lleva siendo párroco de prisión?

Empecé primero en la cárcel de Valdemoro en la que estuve más o menos dos años y ahora llevo en Navalcarnero, en Madrid, ocho años; y cuatro como responsable de la capellanía católica del centro. Somos dos capellanes y un equipo de voluntarios formado por hombres, mujeres y jóvenes.

  • ¿Por qué decidió ser párroco de prisión? ¿Quién lo decide? ¿Se ordena desde el obispado?

Es una vocación concreta. Yo lo decidí por una situación personal muy dolorosa, murió mi madre de alzhéimer, una enfermedad muy dura, muy cruel y quedé muy tocado. Yo siempre digo que a mí la cárcel me ha salvado. Me replantee y decidí que tenía que recomponer mi vida que estaba rota. Me pareció que la manera de recomponerla era siendo capaz de compartir el sufrimiento de otros. Descubrir que yo sufro pero que también sufres tú y todos. El sufrimiento te hace ser más humano porque te hace descentrarte y ver que tú no eres el que más sufres sino que sufrimos muchos. Cuando ayudas a alguien que está sufriendo te encuentras muy feliz y muy a gusto y eres capaz de paliar ese sufrimiento. Así que cuando pasé por esa situación pensé en qué podría hacer y me propusieron el tema de ir a una prisión. Nunca había estado y fui, mordí el anzuelo. Es de las cosas que me hacen en mi vida más feliz en este momento, me quitas el poder ir a la cárcel y me quitas parte de mi vida, lo que soy. Además, yo creo que no puedes ir a un sitio por imposición u obligación, eso que dicen de: “por obediencia” no creo en ella, porque eso significa que vas por cumplir, con lo cual no vas convencido y lo vas a hacer mal. No es hacer coches, es un trabajo humano al que tienes que ir porque te llena y te hace ver el rostro de Dios.

  • ¿Qué labor social tiene la Iglesia dentro del sistema penitenciario?

Pues hombre, la labor que tiene la Iglesia sobre todo es una labor específicamente religiosa, por todo lo que es la atención religiosa en el tema de las eucaristías y los sacramentos. Los sacramentos como primera comunión, bautizos, que también hay, el sacramento de la penitencia… y también, derivado de eso, la atención directa al ser humano desde el evangelio; es decir, nosotros lo que creemos es que Jesús siempre está cerca de aquellas personas que más lo necesitan, y nuestra labor es la atención personalizada a los muchachos que están en prisión. Una atención muy directa humana y cristianamente. Muy importante a lo que supone que una persona entre en prisión porque eso rompe tu vida. Incluso hay mucha gente que no es cristiana pero también participa y tenemos ese seguimiento por el encuentro personal en el acompañamiento tanto de internos como de familias que llevamos a cabo.

  • ¿Hay hueco para Dios en la cárcel, o los internos lo rechazan, se sienten abandonados por él?

Hay de todo. Yo me he encontrado con personas que a lo mejor no participaban para nada en el tema religioso en la calle, y cuando entran allí pues van a misa y demás. En el tema de Dios hasta el más ateo tiene su arraigo, ¿no? y cuando estás pasando un momento especialmente duro, límite, como es estar en prisión te lo planteas más.

  • Ósea que la gente no es reacia hacia usted por pertenecer a la Iglesia.

No he visto a gente que esté en contra del tema de Dios en ese sentido, ósea que no hay rechazo. La secularización que hay en la calle también se da allí por supuesto, pero la verdad que la acogida religiosa es mucho más fuerte en prisión, sobre todo por eso, porque yo creo que cuando estamos en una situación límite, uno tiene que agarrarse a algo o a alguien en este caso, entonces también depende de cómo presentes esa figura de Dios: como alguien que te condena, que te juzga o lo que verdaderamente es, un Dios que es padre que es misericordia que te quiere, que te ayuda a cambiar y que confía en ti. Yo creo que el tema de Dios está muy arraigado en prisión.

  • Por parte de los internos, la Iglesia está bien considerado, ¿y por parte de la Institución?

Por parte de los Internos muy bien, hay un respeto completo. Además, ¿sabes lo que pasa? Que nuestra atención no hace distinción ni de tipo religioso ni de confesión, es decir, hay mucha gente que te pide ayuda y a lo mejor es musulmana pero te pide hablar, te pide ropa, te pide que hables con la familia, te pide una tarjeta de teléfono o te pide que pases un rato con él porque el compartir un rato con una persona va mucho más allá de lo que es la religión católica, supone que te encuentres con un ser humano porque detrás de cada persona hay un ser humano y detrás de cada delincuente obviamente hay un ser humano y eso es más importante. A nivel de Institución, bueno, yo creo que en general bien, es decir, hay un respeto bastante cuidado y yo creo que tenemos una relación bastante positiva, también porque están viendo que no vamos a crear adeptos sino que vamos a ayudar, es decir, hay una relación, una coordinación con todos los equipos sobre todo con los equipos de tratamiento del centro, con los educadores, los trabajadoras sociales. Tenemos una labor muy suscitaría porque donde no llega la Institución podemos llegar nosotros con nuestra acción.

  • ¿Qué representación tienen el resto de religiones en prisión?

Hay testigos de Jehová, evangélicos de la Iglesia protestante, y creo que desde hace poco ha empezado a ir un Imán para atender a los musulmanes. Tienen muy poca presencia, muy poca gente acude. Nosotros, por el tema de la crisis y los recortes ya no tenemos misas sábados y domingos, tenemos dos misas los sábados porque en lo que es la zona cultural no hay funcionarios para poder abrir los domingos y entonces los domingos no hay actividades. Tenemos dos misas repartidas en todos los módulos donde suelen acudir más o menos, en torno a 140 personas de una población de unos 1300 o una cosa así. También pasa en mi parroquia, somos 30000 y acuden a misa los domingos unos 500 con lo cual la proporción es la misma o incluso menos fuera que en la cárcel. Pero sí que es verdad que la Eucaristía es  de alguna manera intentar meterte en la vida del ser humano. Mucha gente que a lo mejor no acude a misa si te pide hablar, te pide que estés con ellos, en definitiva, te piden ayuda y ese acompañamiento personal que es muy importante.

  • ¿Qué días acude a prisión?

Todas las mañanas de lunes a viernes y los sábados a dar misa. También hay contacto telefónico cuando alguien me llama, o voy a ver a alguna familia, o vienen por la tarde, es una labor constante, pero básicamente la esencia en prisión es por la mañana excepto el domingo.

  • ¿Cómo contactan y llegan a conectar los internos con usted?

Hay una primera manera que es a través de una instancia, es decir, un papelito en el que indican que quieren hablar con el capellán y yo acudo. Otra manera es cuando la gente va a misa, que también es por instancia, que te permite comentar, preguntar: “Hola que tal, cómo estas”,  y puedes hablar con ellos. Otra manera, muy solidaria por parte de ellos, es que muchas veces te dicen “oye mira, vete a ver a un compañero mío del módulo que está mal, o a este otro que necesita ropa…”. Ellos mismos son un cauce para integrar. Una manera muy solidaria porque parece que en la cárcel están solo los malos y no, yo he visto más bondad y más generosidad en la cárcel que fuera y no exagero, es verdad.

  • ¿Puede acceder y moverse libremente por prisión?

Una cosa que se debería cambiar es que a nosotros no nos dejan pasar a los patios de los módulos. Yo accedo a los módulos -por ser capellán que los voluntarios ni eso- y puedo pasar a donde están los despachos de los trabajadores sociales, educadores, el médico etc… y hablo con ellos pero no puedo pasar al patio. Entonces se trataría de pasar a un patio donde están todos los chavales y tomarme un café con ellos, estar charlando de una manera informal en la que me mezcle con ellos y a lo mejor, chavales que no tenían ni idea de que estamos ahí pues se acercan y te piden ayuda. Esto solo ocurre en Navalcarnero, porque yo he estado en otras prisiones, sobre todo en verano que suelo hacer suplencias fuera de Madrid, en Tenerife, en Lanzarote, en Palma de Mallorca, o incluso aquí, en la de Aranjuez o en la de Mecos, se puede pasar a los módulos y a los patios. Aquí no porque desde seguridad dicen que no, lo que supone un hándicap que nos corta y nos impide en cierta manera nuestra labor.

  • ¿Qué considera que hay que cambiar en el sistema penitenciario?

Casi todo. Primero habría que creer que las personas tenemos derecho a diferentes oportunidades. Aunque el artículo 25 de la Constitución defienda la reinserción, eso es mentira, no se cree en ella. La cárcel es un sistema punitivo que tiene el Estado para cualquier persona que haya cometido un delito pero en verdad, lo que pretende es que lo pague si es posible cuanto peor mejor. Para mí es simplemente un sistema punitivo, de castigo. Siempre la gente habla del violador que ha salido de prisión y vuelve a violar, yo siempre lo comparo como si vas al hospital, te pasas hay tres meses y nadie te atiende, cuando sales, sigues igual, el hospital debe ser el espacio donde te van a curar y debes salir curado. En la cárcel eso no ocurre, una persona pasa cinco años en prisión y digamos que no se ha curado, pues no se ha hecho nada. ¿Sale el violador y vuelve a violar?, la cárcel no ha funcionado, no ha servido para nada. Y de esos casos yo me he encontrado muchos. Gente que para un curso psicológico espera dos años y mientras tanto, pues solo tiene el patio. Así que el sistema hay que cambiarlo todo. Yo creo que es un problema que hay mucha inversión que se tira, hay mucho dinero invertido pero mal invertido, mal aprovechado y es porque se cree poco en la reinserción.

  • ¿Y qué cambios deberían hacerse?

Primero, un cambio muy importante de mentalidad en la sociedad, que la gente sepa que a la cárcel no van los malos, a la cárcel podemos ir cualquiera que cometamos un delito. Además estamos en una sociedad donde todo pasa por un sistema penal. Es muy negativo y es malísimo que una persona conduzca sin carnet de conducir pero no se puede tratar por una vía penal, a lo mejor hay otros medios para los que no tenga que pasar por la cárcel, porque la cárcel, desde mi punto de vista, destruye al ser humano. Los que no han estado allí, los que no la conocen piensan que tres años es poco, pero la verdad es que un solo día ya es mucho. Cuando se les dice a los internos que dentro de 15 días se les va a dar un permiso, esos quince días, que para cualquiera en la calle se pasan volando, ahí es muchísimo. Un día, otro día, otro día, otro día…. donde tienes toda tu vida estructurada, nadie te deja hacer nada. Es muy duro, porque va en contra de lo que es el ser humano, que es la libertad. Es como tener a un pájaro enjaulado.

  • ¿Qué propone para cambiar la concepción que tiene la sociedad sobre el colectivo de los reclusos, un sector maginado muy poco conocido?

Las soluciones deberían ser: a nivel de calle un cambio de mentalidad.  Desde la parroquia intentamos que la gente conozca la cárcel y vea que en la cárcel ahí todo tipo de personas como en tu barrio como en mi barrio o en mi bloque de vecinos. Todos somos como somos. Se necesita un cambio de mentalidad. Lo segundo, creer y dar oportunidades para el tema de la reinserción, es decir, ser conscientes que una persona puede cambiar a pesar de que haya hecho lo que haya hecho.  Desde el punto de vista cristiano, que soy cristiano desde luego (se ríe), el experimentar que si Dios padre a mí me perdona, tiene misericordia conmigo, con los demás también. Hay gente que dice: “claro, pero no es todo el mundo igual”, pues mira, a mí me gusta cuando yo meto la pata y Dios me perdona, y me perdona a diario, entonces, si me perdona a mí ¿por qué no perdonaría a otros?

  • Por cómo está sentenciando al sistema, diría que quiere eliminar la cárcel.

Tal y como está en la actualidad sí. Yo creo que en pleno siglo XXI es un sistema que tendría que abolirse totalmente y existir otro tipo de sistema diferente completamente, porque el de hoy, tal y como está, no funciona, es decir, si resulta que sigue habiendo delincuencia que a pesar de la cárcel una persona sigue entrando, saliendo y resulta que sigue delinquiendo… es que el sistema no funciona. Te vuelvo a decir: si yo me tomo un ibuprofeno y sigo con dolor, tengo que cambiar de medicina, no me está funcionando, tengo que tomar paracetamol. Si voy al hospital y no me recetan lo que tengan que darme y sigo con dolor de estómago… Pues esto es un poco igual, sino funciona… hay que hacer otra cosa.

  • ¿No cree que merezcan un castigo por su delito?

Depende de cómo sea el castigo, claro. Pero si el castigo solo es punitivo está claro que no. Te pongo otro ejemplo que seguro que te ha pasado a ti y nos ha pasado a todos: cuando éramos críos y suspendíamos, nuestros padres nos castigaban y decían: “Pues ahora no vas a hacer no sé qué… y además te voy a dar donde más te duele, te voy a quitar esto que es lo que más te gusta”, en mi tiempo lo hacían, no se ahora… ¿Qué creaba eso en ti? Pues un cabreo monumental, no te hacía estudiar más, sino que te creaba un cabreo monumental y lo que hacías era estar leyendo el libro pero sin estudiar. Cuando se acababa el castigo, ¿volvías a qué? no a leer el libro, sino que volvías a hacer lo que estabas haciendo, es decir, el castigo no había funcionado. Entonces, el castigo debe ser un castigo que te ayude, un castigo que en el fondo sea algo pedagógico ¿para qué?, para que lo que tú has hecho mal lo puedas corregir, entonces si el castigo pretende únicamente castigar de manera punitiva es negativo porque a nadie le gusta que le castiguen, es decir, yo creo que consiguen el efecto contrario, te pasará a ti, a mí y a cualquiera, se consigue el efecto contrario.

  • Ósea que el valor de reinserción con el que supuestamente esta creado el sistema penitenciario no existe.

No funciona, existe muy poquito. Es verdad que hay profesionales que se lo creen y hay personas que desde allí están trabajando- a los que a veces no les dejan-. Yo en la cárcel -como en todas partes- me he encontrado con profesionales muy buenos y otros pésimos, hay que decirlo, sinceramente: son los que van con sus ideas preconcebidas, con un horario de trabajo… también es verdad que cuando, por ejemplo, en un módulo hay 112 o 130 muchachos y tienes que atender a todos, una única persona evidentemente no puede, es decir, no puedes conocer a todos. A veces les conoces solo por papeles. ¿Qué me pasa a mí?, Es verdad que yo llego a menos gente -o a más, no lo sé- pero sí que es una relación más cercana porque no es una relación únicamente de papeles, sino una relación de tú a tú, de persona a persona, eso ayuda y hace que la persona pueda cambiar. No porque yo lo haga bien, sino porque esa cercanía, esa relación personal hace que un ser humano pueda ir cambiando. En este momento hay una masificación tremenda: hay presos que esperan hacer un curso psicológico durante dos años por ejemplo, o gente que jamás se ha entrevistado con un psicólogo aun llevando en prisión dos o tres años. Les hacen la primera entrevista al entrar y punto, ya está. Como siempre, quién llora es el que mama, es decir cuando hay un preso que no ha dado la lata en sentido de que no ha pedido nada, pues le dejan ahí, ¿por qué?, ¿quién se ocupa? A veces solo te centras en los que dan la lata porque son los más conocidos. Te dan la lata por bien o por mal  porque a veces hay gente que te da la lata porque esta todo el día haciendo trastadas.

  • Ya puedo imaginar la respuesta, pero qué opinión tiene sobre la prisión permanente revisable.

Me gustaría que fueran los ministros, que también fuera a parar en prisión Rodrigo Rato, Gallardón, que fuera para el Rey, para su familia, es decir, ¿por qué tienen que pringar siempre los pobres? Por su puesto, a mí me parece una cadena perpetua encubierta y si en el fondo  crees que una persona no puede cambiar -lo que me parece una burrada- casi mejor matarla, ¿eh? porque meterla en prisión toda la vida es matarla en vida. Entonces, si la prisión permanente revisable es para Bárcenas, para Rodrigo Rato, para todos los ministros… pues a lo mejor podría creer, pero si van a prisión los pobres como van siempre, desde luego no creo en ella. Gallardón que ha robado bastante, que está ganando un sueldo de 8000 euros en este momento pues a lo mejor también podría ir él. Granados está pagando su medicina, nadie se  esperaba que iba a ser residente de la cárcel que inauguró. Bueno, pues a lo mejor eso le hace cambiar, el ser un residente del hotel que él inauguró.

  • ¿Tiene contacto con los familiares de los internos?

Concretamente aquí en la parroquia tenemos una reunión mensual, que nos costó mucho empezar porque también a veces, la familia es reacia, en el sentido, de que le cuesta reconocer que un familiar suyo está en prisión. Pero aunque nos costó empezar, empezamos, y tenemos un grupo como de 20 familias más o menos. Venimos una vez al mes por la tarde a la parroquia con el objetivo solamente de poner en común cómo estamos, como vamos, y qué podemos hacer. A veces reímos, a veces lloramos, compartimos, se da un lazo solidario muy importante entre la gente que participa, se comparten recursos y yo creo que está muy bien. Ese trato por un lado, y por otro está el trato más personalizado durante ese mes que te permite llamar a las familias y que te cuenten: “Oye mira tengo este problema, esta situación, mi hijo no sé qué… “, es importante. O a veces incluso el decir, “oye mira que mi hijo no me llama desde hace tres días, qué es lo que pasa, cómo está” pues también somos un lazo, porque yo voy todas las mañanas, todos los días a prisión, entonces me permite tener noticias de primera mano,  es un lazo, tanto para dentro como para fuera. También tenemos actividades, en cuanto que todas las actividades que hacemos aquí en la parroquia intentamos que sean abiertas a los presos de dentro, a los presos que están en tercer grado o que están en libertad y también a las familias. Por ejemplo, dentro de un mes y medio, el 13 de junio, tenemos la excursión de fin de curso de la parroquia, los presos son también parte de la parroquia, va gente de la parroquia, del barrio, van familiares de presos, van también presos que se solicita que puedan salir y se abre a gente que ha estado en prisión y que sigue vinculado, es decir, como que la parroquia es un poco el centro de todo. También está la relación personal con todas las familias. Hacemos una actividad que es muy importante, que es el Camino de Santiago pero mezclando gente en libertad y gente en prisión, una actividad que planteamos hace cuatro años. La idea era hacer el camino de Santiago pero como una experiencia de integración, es decir, que no fuera un Camino de Santiago como actividad de llevar a ese grupo marginal a la calle, lo que nos parecía importante, era que, el preso viera que puede formar parte de un grupo normalizado, que saliera a la calle,  y que la gente viera que por estar en prisión no es un marciano sino que es igual. Que la gente viera que el preso es una persona normal, que en un momento dado en su vida ha metido la pata como nos podría pasar a cualquiera, pero que se cansa, que llora, que ríe, que es capaz de hacer la comida por los demás, que a veces cuesta creerlo. El preso ni muerde ni no muerde, es un ser humano como tú y como yo.

  • ¿Cuántos presos pueden ir y cómo se eligen?

El proceso de selección para que un chaval de prisión pueda salir es muy pormenorizado. Primero, hablo con los muchachos, veo a ver quién pude ser, y hago una lista para participar y esa lista se pasa a la junta de tratamiento del centro. La junta de tratamiento del centro aprueba a unos muchachos y se les pasa a Madrid la lista para que Instituciones penitenciarios, el Ministerio del Interior lo apruebe. Suelen salir seis u ocho internos y de aquí con los de la parroquia pues sumamos 10 u 11 y vamos en torno a 20 personas. Hacemos la parte final del Camino de Santiago, 110, 120 km, y es un momento de integración que vale para las dos partes.

  • ¿Les acompaña algún funcionario?

No viene ningún funcionario, nosotros somos los encargados y responsables de este tema por lo que no supone nada para el Estado, somos nosotros los que acarreamos los gastos y algún preso incluso se ofrece y aporta una cantidad de dinero.

  • Suele apuntarse la gente, o cómo hablábamos antes, los prejuicios les hacen echarse para atrás.

Se suele apuntar la gente y es mucho el boca a boca. La gente que viene habla y cuenta la experiencia. Además, luego en el camino de Santiago nos encontramos con más gente y conocen a los presos. Yo creo en lo de la semilla del reino de Dios, lo que supone que poco a poco se va haciendo, entre cinco personas se va hablando, se va diciendo… Yo en las misas de la parroquia hablo mucho de los presos, de la labor que hacemos. Tenemos un cartel en esta parroquia hecho por los presos. En el caso de esta parroquia la gente que está en prisión es parte de la vida, y no pasa nada, no hay ningún problema.

  • Me imagino que su relación y su apoyo continúa una vez que los internos abandonan la prisión

Sí, tengo mucha relación con ellos, de llamar, contacto con la familia, o de repente pasado una serie de años te llaman: “¿se acuerda de mí?, pues me he casado”. O a otros que les ves de nuevo en prisión. Hay de todo. No se puede ni idealizar el tema ni tampoco juicializarlo. Hay mucha relación con los chavales internos y con las familias. Tenemos varias familias que ya no está su hijo en prisión y vienen a las reuniones porque han encontrado un espacio en el que compartir y poder estar.

  • A nivel personal, qué supone para usted la labor que ejerce en prisión, ¿Qué ha aprendido de los presos?

A mí me ayuda mucho. Para mi es el sentido que da a mi vida como sacerdote, me ha ayudado mucho el descubrir a Dios en prisión, en lo que hago y en lo que vivo allí. Descubrir a Dios en el sufrimiento de mucha gente, en la capacidad de solidaridad, cariño y fraternidad que tienen las personas ahí dentro. Se me caen las lágrimas cuando descubro que una persona que ha hecho la barbaridad que haya hecho -que me da igual- es capaz de cambiar, de tener un detalle solidario, como hablan de Dios o de su experiencia,  que sin embargo, la gente que creemos que es buena no hace. Eso es muy bonito y eso me está cambiando y me hace rezar, me hace pelear, me hace luchar por ellos y que merezca la pena aunque haya gente que como siempre, sale mal pero como en cualquier ámbito, como cuando tú apuestas por una persona en tu vida concreta y de pronto sale rana. Es muy importante el tema de la esperanza y descubrir que Dios anda por allí. Para mi está siendo una escuela cristiana y me aporta mucho en mi vida de oración, en mi vida como cura y en mi vida en la parroquia.

  • ¿Cómo ayuda la fe en situaciones como esta?

La fe ayuda en todo. Primero a resituar tu vida, intentar asumirla. Una cosa que creo que es muy importante es que como seres humanos seamos capaces de asumir nuestra vida, lo que somos, no para decir tanto, que malos somos, sino para ser responsables de nuestra vida. La fe te ayuda a descubrir que tú eres responsable de tu vida y comprender que hay alguien por encima de ti, que es Dios, que es tu padre, que es mi padre y que nos quiere. Algo curioso es que las madres me dicen que saben que su hijo les quiere ahora porque están en prisión y luego será igual, pero sentencian: “yo voy a ver a mi hijo y hago todo lo que sea porque es mi hijo”. Descubrir eso en tu experiencia religiosa es muy importante. Dios es mi padre y me acompaña. Ese padre que se hace presente en los demás. Hay un montón de gestos y de símbolos donde se ve a Dios a través de nosotros pero también de ellos porque ellos también son mediadores de Dios. No sé si has leído la oración preciosa que hacía Nelson Mandela en su tiempo de prisión injusta, él decía que Dios le ayudaba y que esa oración era la que lo mantenía en esperanza. Habla de la capacidad de decir: es Dios el que sufre conmigo, el que está a mi lado y el que me acompaña siempre, también está en mis seres queridos y la gente que sigue apostando por mí.

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